El duelo por el fallecimiento de alguien cercano no es exclusivo de las personas. Los perros y gatos también lo viven, se entristecen y necesitan tiempo para recuperarse. El mundo emocional en los animales es amplio y complejo. “Son seres sociales, por lo que crean vínculos con sus compañeros de vida, tanto de la misma especie como de otras”, afirma la veterinaria Sandrá Borrás. “Cuando ellos sufren algún cambio, como la pérdida o la llegada de algún miembro a su núcleo cercano, atraviesan un período de adaptación a la nueva situación”, añade.
El tiempo de adaptación a la nueva situación también varía según cada caso, en función de la relación que tuviera el animal con el ser querido fallecido. “Suele alargarse durante meses, pero otros lo superan en poco tiempo y cogen de nuevo confianza. Todo depende de factores como el grado del dolor sentimental o el tipo de vínculo que tuviera”, añade Borrás.
El proceso de duelo de un animal se refleja en su comportamiento. “Algunos cambios que pueden darse son la disminución de la actividad, del juego, un aumento de búsqueda de atención, mostrarse miedosos, vocalizar más o tener cambios en el apetito”, describe Helena Bat, etóloga y psicóloga de animales, a la vez que señala el riesgo de tener ansiedad: “Es frecuente cuando se producen cambios en la vida que se sienten como incontrolables y, como en el caso de las personas, pueden necesitar medicación, como ansiolíticos o antidepresivos, cuyo uso debe valorar un especialista”. No obstante, los cambios de conducta pueden servirle para adaptarse a la nueva situación. “Por ejemplo, si un perro vivía con otro muy activo, es posible que se muestre más sedentario, porque el compañero le incitaba a jugar y moverse. La clave es observar a los animales y tratar de ofrecerles lo que necesitan en cada momento”, añade Bat.
La llegada de un nuevo compañero animal
Abrir la puerta para que otro animal entre en casa tras la muerte del anterior es una decisión personal, pero en cualquier caso es una decisión que no conviene plantearse como la forma de llenar el vacío por la ausencia que queda. “No se puede sustituir a alguien que ya no va a estar en nuestra vida. Lo aconsejable es dejar pasar un tiempo y considerar que las protectoras tienen la opción de tener un animal en acogida temporal, para comprobar que la convivencia es satisfactoria antes de adoptarlo”, aconseja la especialista.



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