
Los therians, personas que se identifican psicológica o espiritualmente con animales, han ganado visibilidad en redes sociales y espacios juveniles. Su crecimiento ha despertado dudas sobre si se trata de un trastorno mental o de una forma de expresión cultural y de identidad. Los especialistas en psicología coinciden en que no debe confundirse con una enfermedad, sino que responde a dinámicas sociales y personales propias de las nuevas generaciones.
Contexto del fenómeno
Los therians se definen como individuos que sienten una conexión profunda con un animal específico, al punto de adoptar gestos, movimientos o formas de relacionarse inspiradas en esa identidad. Para muchos, es una manera de explorar su personalidad y de encontrar pertenencia en comunidades que comparten la misma visión.
Es crucial distinguir tres conceptos que suelen confundirse en la opinión pública. Los “therians” integran la animalidad como una identidad espiritual o psicológica interna, conscientes de su cuerpo humano. Esto difiere de los “furries”, quienes disfrutan del antropomorfismo como un pasatiempo o expresión artística (fandom), a menudo utilizando disfraces ("fursuits"). Por otro lado, la “licantropía clínica” es una condición psiquiátrica rara y delirante donde el paciente cree transformarse físicamente en un animal, algo que la comunidad therian no experimenta ni afirma.
Los psicólogos señalan que este tipo de expresiones no son nuevas: en otras épocas se dieron movimientos juveniles como los emos, punks o góticos, que también generaron incomodidad social y fueron objeto de estigmatización. En ese sentido, la teriantropía se interpreta como una búsqueda de identidad más que como un trastorno clínico.
Estudios recientes advierten sobre el riesgo de sobre-patologizar a los jóvenes que se identifican como therians. La psicología aclara que no existe evidencia científica que los vincule con un trastorno mental específico. Más bien, se trata de una forma de expresión simbólica que puede estar motivada por sentimientos de desconexión social y una fuerte necesidad de pertenencia.
Los especialistas también remarcan que, aunque la práctica pueda parecer extraña para quienes están fuera de la comunidad, no implica necesariamente un daño para la sociedad ni para quienes la ejercen. El fenómeno debe ser entendido en clave cultural y generacional, evitando prejuicios y diagnósticos apresurados.
La psicología contemporánea no clasifica la teriantropía como un trastorno en el manual DSM-5, siempre que no exista malestar clínico significativo o delirio. Expertos introducen el término “disforia de especie” para describir la sensación de incongruencia entre el cuerpo humano y la identidad animal interna, un fenómeno fenomenológicamente similar pero distinto a la disforia de género. Una revisión sistemática de 2025 propone un espectro que diferencia claramente los casos no clínicos (identidad therian) de la “teriantropía clínica” (asociada a psicosis), validando la experiencia identitaria de los jóvenes sin patologizarla.
Los therians no son considerados portadores de un trastorno mental por la psicología contemporánea. Más bien, su identidad refleja una búsqueda de pertenencia y expresión en un mundo marcado por la hiperconexión digital y la necesidad de diferenciarse.
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